... Y entonces fue la lluvia.
La lluvia de otoño.
Esa lluvia espaciosa y fría que salpica los cristales transformada en lágrimas.
Y entonces, fue el silencio.
Un silencio vacuo, que contrasta con el repiquetear del agua, porque está instalado en las
almenas del deseo, en el fluir de sentimientos sin sentido que se deslizan por el torrente vital
Y entonces, fue la silueta.
Una silueta dibujada en la nebulosa de los recuerdos, que solo el pensamiento pudo ver.
Y entonces... solo la lluvia.
La lluvia de otoño.
Alice Ferreyra
El otoño trae poemas en el crujiente sonido de sus ocres. Es la estación de la lluvia color sepia donde abrevan los duendes de la nostalgia.
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