sábado, 25 de febrero de 2012
jueves, 23 de febrero de 2012
EL SILENCIO / Alicia Franco
Los místicos
chinos se libraban de los apetitos mundanos en la pura contemplación, en la que
todo se volvía, para ellos, lenguaje transparente. Para ellos, se extinguía el
tiempo en la eternidad como presencia del lenguaje del mundo. Grandes
pensadores pasaron por el mundo como si llegasen de fuera, procedentes de una
silenciosa patria lejana. La vida diaria parece enseñar lo contrario, para
la mayoría de nosotros, el mundo, la comunicación parlante pasa a ser lo
absoluto haciendo de lo trascendental algo casual, llenándolo de palabras. Lo
probable es que buscando la armonía del universo y descansando sobre un saber
insuficiente pensemos que a través de la palabra lograremos lo que solo el
lenguaje divino puede transmitirnos. Los principios de la fe-Dios existe, la
creación del universo, solo a ello se accede a través de un Dios silencioso.
Entiendo (es personal) que en estas reflexiones se encuentran los principios de
la fe, para llegar a ello hay que liberarse de todas las cadenas que nos unen a
lo corpóreo, sometiendo nuestros pensamientos al silencio.
Solo el
silencio puede acercarnos al logro de los absolutos.
lunes, 20 de febrero de 2012
EL SILENCIO / Beatriz Mir
Quizá porque el universo es un silencio desgarrante que se hace eco en su corazón, el hombre vive como en un tránsito que nunca llega a comprender del todo, en una búsqueda desesperada que lo empuja a abrir todas las puertas, a atravesar todos los umbrales. Al cabo no encuentra nada, excepto ese otro enorme e intransferible misterio ante el cual su espíritu se ahueca para albergarlo, convirtiéndose en el seno gestatorio en el que crece y se nutre lo sagrado.
Arte es lo que los ojos, los oídos, las manos y la voz del hombre hacen con esa sacralidad que nos pone frente al silencio más impenetrable, inexpresable y sobrecogedor: el silencio de Dios.
Ese silencio de la desolación ante lo indecible, lo inexpresable, deambula por la escritura, se entrelaza con las letras como las ramas de un árbol tendidas hacia el cielo en busca de la luz, clamando por la voz que no encuentra su sonido. La imposibilidad de significar el misterio origina la necesidad de Dios y su búsqueda por caminos que bordean ese enorme agujero, la última puerta y la primera, el origen y el destino y la persistencia de la ausencia de palabras para nombrarlo.
Borges y El Dante se encaminan hacia un sótano o hacia el fondo de la tierra. Van a buscar un punto en el universo que es el universo, un acontecer total y sin secuencias: la batalla de Lepanto y la fibra óptica, Moisés y la decodificación del mapa genético, la primera partícula viviente y el satélite captando y enviando información. Todo, absolutamente todo, las acciones y las cosas, el verbo y el sustantivo, la palabra y el silencio. Allí Beatriz aguarda. Buscan una puerta, es la puerta de la piedra y la piedra les dice que no entrarán, que Wislawa ya lo ha intentado, que sólo pueden visitar su superficie, toda vuelta hacia ellos. Borges y Dante no la escuchan, de la mano de Beatriz y con la complicidad de Wislawa, acceden al atajo que los conduce al interior y, al hacerlo, dejan entreabierta una ínfima fisura para que nosotros, azorados y atónitos, nos asomemos a la eternidad.
Quizá porque el universo es un silencio desgarrante que se hace eco en su corazón, el hombre vive como en un tránsito que nunca llega a comprender del todo, en una búsqueda desesperada que lo empuja a abrir todas las puertas, a atravesar todos los umbrales. Al cabo no encuentra nada, excepto ese otro enorme e intransferible misterio ante el cual su espíritu se ahueca para albergarlo, convirtiéndose en el seno gestatorio en el que crece y se nutre lo sagrado.
Arte es lo que los ojos, los oídos, las manos y la voz del hombre hacen con esa sacralidad que nos pone frente al silencio más impenetrable, inexpresable y sobrecogedor: el silencio de Dios.
Ese silencio de la desolación ante lo indecible, lo inexpresable, deambula por la escritura, se entrelaza con las letras como las ramas de un árbol tendidas hacia el cielo en busca de la luz, clamando por la voz que no encuentra su sonido. La imposibilidad de significar el misterio origina la necesidad de Dios y su búsqueda por caminos que bordean ese enorme agujero, la última puerta y la primera, el origen y el destino y la persistencia de la ausencia de palabras para nombrarlo.
Borges y El Dante se encaminan hacia un sótano o hacia el fondo de la tierra. Van a buscar un punto en el universo que es el universo, un acontecer total y sin secuencias: la batalla de Lepanto y la fibra óptica, Moisés y la decodificación del mapa genético, la primera partícula viviente y el satélite captando y enviando información. Todo, absolutamente todo, las acciones y las cosas, el verbo y el sustantivo, la palabra y el silencio. Allí Beatriz aguarda. Buscan una puerta, es la puerta de la piedra y la piedra les dice que no entrarán, que Wislawa ya lo ha intentado, que sólo pueden visitar su superficie, toda vuelta hacia ellos. Borges y Dante no la escuchan, de la mano de Beatriz y con la complicidad de Wislawa, acceden al atajo que los conduce al interior y, al hacerlo, dejan entreabierta una ínfima fisura para que nosotros, azorados y atónitos, nos asomemos a la eternidad.
EL SILENCIO / Alice Ferreyra
En lo alto no se baten las alas
Ni en el silencio se nombra al
silencio.
De Dios no sabemos nada
Sed
adentro Hugo Mujica (2001)
La vida está hecha
de silencios, y la palabra nace del silencio.
Ese silencio que nos permite navegar por nuestro interior para
encontrar todas las cosas buenas que hay en él y desterrar las nocivas.
Todo lo profundo está relacionado con el silencio y rodeado
por él, es cuándo la mente queda suspendida por los hilos de la nada, las
palabras callan, se repliegan en nuestro ser y de allí se apoderan de
nuestro interior en un silencio
pragmático, incipiente, que se escurre por los dobleces del alma para
desentrañar secretos, corregir errores, resaltar verdades, constelando los
sentimientos.
También la música se construye con el silencio, y ello nos
determina que el silencio también se escucha y está integrado al sonido, ya que
surge la melodía con el silencio que la precede. El encanto del sonido se
percibe mejor cuándo este cesa, que no es solo ausencia, sino aproximación a lo
interior, lo profundo, vuelto en la presencia de vacío cargado de resonancias.
Al escritor, la página en blanco, cargada de magnetismo, le
infunde respeto y temor. Es en esa
soledad poblada de fantasmas que luego tomarán los hilos de la urdimbre, cuando
el escritor vive en un silencio sonoro
acorralado por ellos, que subyacen en el laberinto de la memoria, para
luego romper el silencio y avasallarlo como duendes traviesos.
Recordemos una frase
que el talentoso Charles Chaplin,
escribiera en sus memorias publicadas en 1922 : “¡que pocos de nosotros sabemos
disfrutar de ese don universal que es el silencio! Quizás porque no se compra.
Los ricos compran ruido. Nuestra alma se deleita con los silencios de la
naturaleza que no se niegan nunca”
EN EL SILENCIO / Mirta Gaziano
Es el silencio el que convoca
y ofrece cientos de destellos.
El silencio unido al tiempo libre,
sin pausas ni rutinas,
llano y convocante.
El silencio, planicie que permite
deslizarse sin barreras.
Superficie incondicional, atemporal,
bella, perparada para la total entrega.
Es en él y por él
que logramos expresarnos,
dejar correr el lápiz en paz con las ideas.
Y vamos abriendo los sentidos
en una caja-universo sin rumores,
en esa inmensa planicie, página abierta
sin opacidades, poros, sogas ni barreras.
Con libertad creciente,
dejando huellas de poemas y novelas.
Es el silencio el que convoca
y ofrece cientos de destellos.
El silencio unido al tiempo libre,
sin pausas ni rutinas,
llano y convocante.
El silencio, planicie que permite
deslizarse sin barreras.
Superficie incondicional, atemporal,
bella, perparada para la total entrega.
Es en él y por él
que logramos expresarnos,
dejar correr el lápiz en paz con las ideas.
Y vamos abriendo los sentidos
en una caja-universo sin rumores,
en esa inmensa planicie, página abierta
sin opacidades, poros, sogas ni barreras.
Con libertad creciente,
dejando huellas de poemas y novelas.
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